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Técnica y resultado

Por qué te sale el espresso aguado y cómo arreglarlo

Aguado no es un defecto de la máquina: es un síntoma con cuatro causas posibles, y tres de ellas están en tus manos. La cuarta viene dentro de la caja y casi nadie sabe que la lleva.

Taza blanca de espresso sobre una encimera clara y texturizada, con luz natural lateral y mucho espacio libre a la derecha

Aprietas el botón, el chorro sale rápido, la taza se llena en diez segundos y lo que hay dentro sabe a agua sucia. Un poco ácido, sin cuerpo, con una espuma que desaparece antes de que te sientes.

No es mala suerte y casi nunca es la máquina. Un espresso aguado es café que ha pasado demasiado poco tiempo en contacto con el agua, o demasiada agua para el café que había. Las dos cosas se miden, y las dos se arreglan.

Qué significa «aguado» exactamente

Hay dos defectos distintos que producen la misma sensación y que conviene separar, porque no se corrigen igual.

El primero es de concentración: hay poco café disuelto por mililitro de bebida. El segundo es de extracción: del café que había en la cesta se ha disuelto poca cantidad. Puedes tener un café concentrado y mal extraído, y uno bien extraído y flojo.

La Specialty Coffee Association mide justamente esas dos cosas. Su norma de café filtrado, el Golden Cup, pide una concentración de sólidos disueltos de 11,5 a 13,5 gramos por litro —el 1,15 % al 1,35 %— con un rendimiento de extracción del 18 % al 22 % del peso del café seco. Son cifras de café de goteo, no de espresso, pero el par de ejes es el mismo, y su gráfico de control de extracción coloca «flojo» y «subextraído» en esquinas distintas del mismo mapa.

Aguado es la esquina de abajo a la izquierda: poco disuelto y mal extraído a la vez. Casi siempre porque el agua ha encontrado un camino demasiado fácil.

Causa 1: la molienda es demasiado gruesa

Es la primera que hay que mirar y la que resuelve la mayoría de los casos.

El agua a presión busca el camino de menor resistencia. Si el café está molido grueso, los huecos entre partículas son grandes, el agua los atraviesa sin frenarse y sale por abajo antes de haber disuelto casi nada. El resultado es un chorro rápido, claro y corto de sabor.

La señal es el tiempo. Si la taza se llena en diez o doce segundos, el problema está en el molinillo, no en la máquina. La definición histórica de espresso que recoge la Specialty Coffee Association habla de 25 a 35 ml de bebida a partir de 7 a 9 gramos de café, con agua entre 92 y 95 °C (citada en Cameron et al., Matter 2, 631-648, 2020). Sacar esa cantidad en diez segundos es físicamente incompatible con haber extraído lo que hay que extraer.

Muele más fino y vuelve a probar. Un paso cada vez, no tres.

Causa 2: hay poco café en la cesta

La segunda causa es de dosis, y es la más silenciosa porque a simple vista la cesta parece llena.

Cada cesta está diseñada para un peso concreto. Si le pones menos, la pastilla de café no llega a tocar la ducha de la máquina, queda un hueco arriba y el agua se acumula ahí antes de bajar. Peor aún: la capa de café es más fina, así que el agua tiene menos recorrido que hacer y sale antes.

La forma de salir de dudas es una báscula de cocina, no la cuchara dosificadora. Dos cucharadas «colmadas» de café molido fino y dos de café molido grueso no pesan lo mismo, y la diferencia puede ser de varios gramos. Cómo fijar esa proporción está en el artículo sobre el ratio café-agua.

Causa 3: canalización (y por qué moler más fino no siempre funciona)

Aquí está la parte contraintuitiva, y es la que explica por qué mucha gente se atasca.

El consejo de «si sale aguado, muele más fino» funciona hasta cierto punto y luego se da la vuelta. El estudio de Cameron y colaboradores publicado en Matter en 2020 modelizó la extracción de espresso y la contrastó con experimentos. El modelo, suponiendo un flujo homogéneo a través del café, predecía que la extracción aumentaría de forma continua al moler más fino. Las medidas reales dijeron otra cosa: el rendimiento de extracción tiene un pico, y cae tanto con moliendas muy gruesas como con moliendas muy finas.

La explicación que dan los autores es que en los ajustes finos el flujo deja de ser homogéneo. El agua, en vez de atravesar la pastilla por igual, abre grietas y se va por ellas. Eso se llama canalización, y el resultado, en sus palabras, es «poca reproducibilidad y materia prima desperdiciada».

Si has molido más fino tres veces y el café sigue saliendo flojo y desigual, probablemente te has pasado del pico y estás canalizando.

En la práctica doméstica eso significa: repartir bien el café en la cesta antes de prensar, prensar nivelado y no ir apretando el molinillo indefinidamente. Si al aflojar un paso el café mejora, ya sabes de qué lado del pico estabas.

Causa 4: la cesta presurizada que lleva tu máquina

Esta es la que viene dentro de la caja.

Muchas cafeteras de portafiltro de entrada se venden con una cesta presurizada —también llamada de doble pared—. Tiene dos capas: una interior perforada normal y otra exterior con un único agujero diminuto. Breville, el fabricante que en Europa vende bajo la marca Sage, lo explica en su propia web: ese agujero pequeño «está pensado para crear contrapresión durante la extracción» y sirve para «compensar irregularidades que pueden dar problemas de extracción, como un prensado desigual o un tamaño de molienda equivocado» (Breville, Pressurized vs. non-pressurized portafilter).

El mismo fabricante añade la contrapartida: la cesta presurizada ayuda a conseguir tazas consistentes con crema abundante, pero «puede no producir el mismo sabor con cuerpo que una opción no presurizada».

Traducido: la presión no la hace el café, la hace el agujero. Sale una espuma espesa y bonita que no significa nada sobre la extracción, y debajo puede haber un café perfectamente aguado. Si tu espresso tiene mucha crema y poco sabor, mira la cesta: si por debajo tiene un solo agujero, es presurizada.

No es un defecto, es una decisión de diseño para quien no tiene molinillo. Pero mientras la lleves puesta, afinar la molienda te va a dar menos resultado del que esperas, porque la cesta está tapando precisamente esa variable.

Lo que casi nunca es el problema

La presión. Las fichas anuncian 15, 19 o 20 bares y eso es la presión máxima de la bomba, no la que recibe el café. La máquina del catálogo que declara la presión real de extracción —9 bares— es una sola, y lo cuenta el artículo sobre presión, temperatura y tiempo. Un espresso no sale aguado por falta de bares.

La temperatura, dentro de lo razonable. Batali y colaboradores publicaron en Scientific Reports en 2020 un experimento que preparaba café a 87, 90 y 93 °C ajustando molienda y tiempo para llegar a la misma concentración y el mismo rendimiento de extracción. Su conclusión fue que, fijadas esas dos variables, «la temperatura de preparación no tuvo un impacto apreciable» (Batali et al., Sci Rep 10 (2020)).

Ojo con leer eso al revés: el estudio no dice que la temperatura dé igual, dice que si consigues la misma extracción da igual cómo la hayas conseguido. Una máquina fría no consigue esa extracción. Por eso el calentamiento previo —dejar que la máquina llegue a temperatura y pasar agua por el grupo con el portafiltro puesto antes de hacer el café— sigue mereciendo la pena.

El café molido no se puede arreglar

Queda una causa que no es de técnica sino de materia prima. El café molido de bolsa lleva semanas o meses roto, y con él se han ido los gases y los aromas que dan cuerpo a la taza. Se nota sobre todo en la crema: café molido viejo, crema escasa y pálida, hagas lo que hagas.

Si la máquina no muele, la molienda te la da otro, y eso limita el techo. Cuál es la diferencia entre un molinillo que muele y uno que trocea está en el artículo sobre muelas y cuchillas.

El orden en que hay que tocarlo

Una cosa cada vez, y probando entre medias:

1. Pesa el café. Averigua cuántos gramos admite tu cesta enrasada y usa siempre esa cantidad. 2. Mira el reloj. Si la taza se llena en menos de quince segundos, muele más fino, un paso. 3. Comprueba la cesta. Si tiene un solo agujero por debajo, es presurizada y está amortiguando todo lo que hagas. 4. Calienta la máquina. Con el portafiltro puesto y un chorro de agua en vacío antes del primero del día. 5. Reparte y prensa nivelado. Si has llegado al fondo de la escala de molienda y el café sale desigual, afloja un paso: estás canalizando.

Si después de los cinco el café sigue saliendo aguado, el problema ya no es de técnica. O el molinillo no muele a un tamaño, o la cesta no te deja, o el café lleva demasiado tiempo molido.

Hasta dónde llega esto

Los datos de extracción, concentración y temperatura de este artículo salen de las normas publicadas de la Specialty Coffee Association y de dos artículos científicos enlazados en el texto, que puedes abrir y comprobar. Lo que este sitio no ha hecho es medir ninguna de estas cafeteras: no hemos pesado cestas, ni cronometrado extracciones, ni usado un refractómetro. Las cifras de producto que aparecen aquí son las que declara su ficha de Amazon, y sólo esas.

Las cafeteras citadas en este artículo

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