Saltar al contenido

Catálogo › Artículos › Materiales

Materiales

Acero, aluminio o plástico: qué materiales importan en una cafetera

«Acabados en acero inox» es una frase del escaparate. La pregunta útil es otra: por dónde pasa el agua caliente y de qué está hecho ese trozo. Casi nunca es el mismo material que ves.

Cesta de portafiltro de acero, base de cafetera de aluminio y tapa de plástico mate sobre una superficie blanca con luz natural lateral

Las fichas de cafeteras hablan de materiales en el título y casi siempre hablan de la parte equivocada. «Acabados en acero inox» describe la chapa que ves desde el taburete de la cocina. Lo que decide algo es por dónde circula el agua a 90 grados, y eso ni se fotografía ni se declara.

Este artículo separa las dos cosas, porque la primera es estética y la segunda tiene consecuencias medibles: cuánto tarda en calentar, cuánto se enfría entre cafés, qué migra al café y qué se puede meter en el lavavajillas.

Los tres sitios donde el material importa

En cualquier cafetera hay tres zonas y sólo dos cuentan:

  • La carcasa. Es lo que se ve y lo que se toca en frío. Su material afecta

al peso, a lo que cuesta y a cómo envejece. Al café, no.

  • El circuito de agua: caldera o termobloque, tubos, grupo de erogación,

filtro. Aquí el material toca agua caliente a presión muchas veces al día.

  • Las piezas desmontables: portafiltro, jarra, filtro, depósito. Toca agua,

y además toca el lavavajillas. El filtro tiene artículo propio, porque su material cambia la taza de forma medida: papel, metal y tela.

El material de la carcasa es una decisión de precio; el del circuito de agua es una decisión técnica, y es el que nadie declara.

Acero inoxidable: qué significa «inox» y qué no

Cuando una ficha pone «18/10», está diciendo la composición del acero: en torno al 18 % de cromo y al 10 % de níquel. Es la nomenclatura comercial del grado SAE 304, que según la norma ASTM A276 lleva entre 18,0 y 20,0 % de cromo y entre 8,0 y 11,0 % de níquel. El cromo es lo que forma la capa pasiva que no se oxida; el níquel es lo que mantiene esa capa estable.

Eso tiene una consecuencia práctica poco intuitiva. El níquel es el componente caro y el que más se cuestiona desde el punto de vista toxicológico, pero también es el que ralentiza la liberación de metales: alear con níquel mejora la resistencia a la corrosión, y por tanto un acero con más níquel suelta menos, no más. Los constituyentes del acero inoxidable cuya migración hay que ensayar en contacto alimentario son el cromo, el níquel y, más recientemente, el manganeso.

La otra propiedad del acero es la que más se nota en la cocina, y es que conduce el calor muy mal. Según los datos de Engineering ToolBox, el acero inoxidable tipo 304 tiene una conductividad térmica de 14,4 W/(m·K) a 20 °C. Una medición instrumental con el método ASTM E1530-19 da 14,81 W/(m·K) a 40 °C, que es el mismo número. Guárdalo un párrafo.

Aluminio: conduce dieciséis veces mejor, y eso se paga en otra moneda

El aluminio puro conduce 236 W/(m·K), y sus aleaciones habituales entre 164 y 190, en la misma tabla. Es decir: entre once y dieciséis veces más que el acero inoxidable. Para comparar, el latón amarillo está en 111 y el cobre en 401.

Por eso las cafeteras italianas son de aluminio. Un cuerpo de aluminio de pared fina sobre el fuego sube de temperatura rápido y con poco gasto. Es también por eso que una italiana de aluminio no funciona en inducción: el aluminio no es magnético.

El precio del aluminio se paga en migración. Hay dos estudios que miden exactamente esto en cafeteras italianas y conviene leer los dos, porque no dan el mismo orden de magnitud.

El trabajo alemán sobre migración de aluminio (parte II de tres) midió el café de una italiana de aluminio a lo largo de varios usos: la concentración más alta fue la del primer café, 0,564 mg/L, y bajó a 0,133 mg/L en el tercero. La cafetera se «cura» con el uso. Hasta que alguien la mete en el lavavajillas: en el sexto café, ya lavado a máquina, la concentración subió a 0,795 mg/L, por encima del primer uso. Los autores concluyen que la exposición adicional por el uso correcto de una italiana de aluminio es despreciable, y subrayan que los fabricantes advierten explícitamente contra el lavavajillas.

Un segundo estudio comparó métodos y materiales, y ordenó así el aluminio en la bebida: italiana de aluminio 72,57 ± 23,96 µg/L, italiana de acero 39,77 ± 10,97 µg/L, cafetera de filtro 39,68 ± 5,44 µg/L, café turco 19,08 ± 4,45 y cápsulas 18,26 ± 6,01. El peor escenario suponía el 0,36 % de la ingesta semanal tolerable. Su recomendación textual es preferir métodos sin componentes de aluminio, aunque el riesgo calculado sea mínimo.

Las dos cifras se separan en un factor de casi diez, y eso importa: significa que la magnitud depende del cacharro, del agua y del uso, no de una constante física. Lo que las dos comparten es el orden de las cosas: el aluminio libera más que el acero, el lavavajillas lo empeora, y nada de eso se acerca al límite.

Los límites, para tenerlos a mano: la EFSA fijó en 2008 una ingesta semanal tolerable de 1 mg de aluminio por kg de peso corporal para el aluminio de la dieta en su conjunto, y advirtió de que una parte significativa de la población europea podría superarla contando todas las fuentes. El café no es la fuente que la hace saltar; la dieta completa sí puede. La guía técnica del Consejo de Europa sobre metales y aleaciones en contacto alimentario —segunda edición, agosto de 2024— recomienda un límite específico de cesión de 5 mg/kg para el aluminio.

El plástico: casi nunca es el problema que parece

En una superautomática hay plástico en el depósito, en la tolva, en los conductos de leche y en media carcasa, y eso no es un defecto de gama. Es lo único que permite una pieza transparente, desmontable, ligera y con formas que en metal costarían diez veces más.

El plástico alimentario en la Unión Europea está regulado con más detalle que los metales. El marco general es el Reglamento (CE) 1935/2004, y los plásticos tienen además su propio Reglamento (UE) 10/2011, con lista positiva de sustancias autorizadas y límites de migración. Los metales y aleaciones, en cambio, no tienen reglamento específico europeo: se rigen por el marco general y por la guía del Consejo de Europa citada arriba, que es una recomendación, no una norma de aplicación directa.

El dato de actualidad: el Reglamento (UE) 2024/3190 prohíbe el bisfenol A en materiales en contacto con alimentos desde el 20 de enero de 2025, con periodos transitorios para agotar existencias. Si tu cafetera es anterior y te preocupaba el BPA, esa es la fecha; si la compras ahora, la pregunta ya está contestada por la ley.

Y hay una cosa que el marco europeo dice y que casi nadie cita, aunque es exactamente de lo que trata este artículo: la propia Comisión Europea explica que los constituyentes de un material en contacto con alimentos pueden afectar «a la seguridad química del alimento y a la salud humana, así como a la calidad del alimento, su sabor y su olor, y su apariencia». El sabor está en la ley. No es una manía de aficionado.

Aquí viene el problema: ninguna de las 16 cafeteras publicadas declara el material del circuito de agua en un campo comparable. Ni una. El material aparece en el título comercial —«acero inox», «aluminio»— y describe el exterior.

Lo que sí hay son dos campos declarados que dicen algo sobre materiales de rebote:

  • Apto para lavavajillas. Sólo 3 de las 16 lo declaran: la Philips Serie

2200, la De'Longhi Stilosa y la De'Longhi Magnifica S. Las demás declaran que no. Y en una cafetera con partes de aluminio ese «no» tiene detrás el estudio del párrafo anterior, no una manía del fabricante.

  • El peso. Es el indicador indirecto más honesto que hay. Los 0,79 kg de la

Monix frente a los 10,49 kg de la Sage Barista Express no son sólo tamaño: son metal.

Qué mirar al comprar

Por orden de utilidad real:

  • ¿Es de aluminio el circuito, o sólo la base? En italianas es la pregunta

central. Si es de aluminio, no la metas en el lavavajillas: eso está medido.

  • ¿Declara piezas aptas para lavavajillas? Es el único campo de la ficha

que habla de materiales de forma comprobable, aunque hable de ellos de lado.

  • El «acero inox» del título casi siempre es la carcasa. No es mentira ni

es información: es acabado. No pagues por él creyendo que pagas por el circuito.

  • El plástico no es un defecto de gama. Un depósito transparente

desmontable en plástico alimentario es mejor diseño que el mismo depósito en metal opaco. El BPA, desde enero de 2025, ya no es una variable en lo nuevo.

  • El acero conduce dieciséis veces peor que el aluminio. Eso, en la parte

que calienta agua, es la diferencia entre inercia térmica y velocidad, y es el tema del artículo de termobloque o caldera.

Hasta dónde llega esto

Nada de lo que hay aquí está medido por nosotros. Las cifras de conductividad, de migración de aluminio y de composición del acero salen de las fuentes enlazadas en cada párrafo, y los textos normativos están enlazados a EUR-Lex para que los leas sin intermediarios. Lo que sí hemos comprobado nosotros es qué declara cada ficha de Amazon de este catálogo y en qué campo lo declara, incluido el hallazgo incómodo de que ninguna declara el material del circuito de agua.

Las cafeteras citadas en este artículo

Aparecen porque el texto las necesita para explicar algo, no al revés. La comisión de afiliación no cambia ninguna valoración de este sitio.

Todo lo de arriba sirve para una cosa: elegir mejor.

Comparar las 16 cafeteras del catálogo

Seguir por aquí